Revista LA FUNDACIÓN

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Una espiral de luz, sombra y viento, de Rafael Alberti

Una espiral de luz, sombra y viento, de Rafael Alberti

por In Destacados (Portada), Patrimonio En 27 mayo, 2015


Rafael Alberti en las colecciones artísticas FUNDACIÓN MAPFRE

La dimensión de Rafael Alberti como el gran poeta de la Generación del 27 ha relegado a un segundo plano su trayectoria en la pintura, su primera vocación. En este campo desarrolló una notable obra, tardíamente reconocida, formada por pinturas, dibujos, grabados y litografías plenos de color y simbolismo, así como sus singulares liricografías, fusión de poesía y pintura.

El poeta Rafael Alberti sintió una fuerte vocación hacia la pintura, avivada a su llegada a Madrid en 1917, donde dibujaba con intensidad copiando a los maestros del Museo del Prado. Poco después se integró tímidamente en la actividad vanguardista de la capital, y especialmente con el ámbito surrealista de la Residencia de Estudiantes, en torno a Lorca, Dalí, Buñuel, Moreno Villa y Maruja Mallo.

A partir de 1923, Alberti decide abandonar la actividad pictórica para concentrarse en la poesía, siendo uno de los más destacados escritores de la Generación del 27. Muchos años después, en 1945, tras haber padecido el impacto de la Guerra Civil y el exilio, Alberti vuelve a la pintura para siempre, uniéndola con la poesía a través de liricografías, como Una espiral de luz, sombra y viento.

 

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Rafael Alberti, Una espiral de luz, sombra y viento. 1968. 42 x 29,5 cm. Dibujo.

En esta obra, en el centro de la hoja de papel, se despliega una imagen llena de color, con un movimiento centrífugo que irradia desde el centro, en círculo, hasta hallar su límite en la caligrafía picada de Alberti: «Una espiral de luz, sombra y viento». Dentro del círculo trazado por las letras, descubrimos a un banderillero ante un toro inclinando la cabeza ante un disco de colores concéntricos de gran luminosidad.

 

Tras haber padecido el impacto de la Guerra Civil y el exilio, Rafael Alberti recuperó su temprana vocación pictórica fusionando la poesía y la pintura en las liricografías

 

La obra está fechada en 1968 en Roma, tercer y último destino de Alberti en el exilio, antes de su definitivo regreso a España en 1977. En estos años, el artista desarrolló una intensa labor como pintor y grabador, con escenas protagonizadas por imágenes de lo vernáculo español, con una dimensión decorativa y dinámica deudora tanto del futurismo como del surrealismo de Miró y Picasso, que muestran eficazmente el deseo de Rafael Alberti de «pintar la poesía con el pincel de la pintura».


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