Diego Ramírez Portugués, graduado en Estadística, ha trabajado 24 años en Sistemas de Información en Telefónica. Es voluntario en Fundación Balia.

«Los niños y niñas a los que ayudo me transmiten mucha alegría, con independencia de cuál sea su situación económica y familiar»

TEXTO: CRISTINA BISBAL

Su relación con Fundación Balia comenzó en 2015, cuando participó en un campamento de verano puesto en marcha por la organización con ayuda de Telefónica, empresa para la que trabaja desde hace 24 años.

La experiencia le gustó tanto que repitió dos años más. Poco a poco esa relación se fue intensificando y comenzó a acudir los viernes por la tarde y los sábados por la mañana. Pero llegó un momento en que Diego quiso involucrarse algo más con los niños que iba conociendo y decidió hacerse voluntario con el grupo de infancia para acudir cada día a echar una mano a estos críos para hacer tareas o estudiar… y para participar en excursiones puntuales los fines de semana. Con 58 años y una reducción laboral y salarial gracias a un programa voluntario de suspensión individual de la relación laboral y bajas incentivadas (PSI), ahora dedica su tiempo libre a quien más lo necesita.

¿Había hecho voluntariado antes de comenzar con Balia?
Sí. En el año 2013 participé en el programa de Vacaciones Solidarias Internacionales de Telefónica en Quito. También he participado como voluntario en actividades puntuales en asociaciones y fundaciones como Apsuria, Ademo, Kyrios, RAIS, Deporte y Desafío. Como voluntario de Telefónica he participado en las galas «Inocente Inocente» durante 5 años.

¿Por qué Fundación Balia ha sido la definitiva?
En primer lugar, porque creo que los educadores de Balia son excelentes profesionales y realizan su trabajo con amor y dedicación sincera hacia las niñas y niños. En segundo lugar, porque el mensaje que me transmitió Balia, desde mi primer voluntariado, fue que los protagonistas son los menores y no los voluntarios. Y esta constante se repite hasta el día de hoy. En tercer lugar, porque Balia me informa de mis obligaciones como voluntario, de cómo debe ser mi comportamiento y participación, de cuál es mi compromiso y el suyo… Cada año organiza varios encuentros y formaciones para los voluntarios. Además, me informa vía e-mail de los cursos de actualización de voluntariado a los que puedo acogerme. Y en cuarto lugar, porque me siento considerado y respetado en Balia. Cada día, cuando me marcho a casa, recibo un saludo alegre de los niños y las niñas y un «Gracias, Diego» del educador al que estoy asignado.

¿Por qué con niños?
Supongo que porque me transmiten mucha alegría, con independencia de cual sea su situación económica y familiar. Ellos son nobles, tienen un futuro que puede ser mejor gracias a la intervención de Balia. Y siempre están dispuestos a dar y recibir cariño, y eso es grande, ¡muy grande!

¿Qué le aporta el voluntariado? No sé cómo expresarlo. Pero supongo que pensar que puedo contribuir a que estas niñas y niños mejoren su futuro.

¿Qué es lo más y lo menos gratificante?
Hay varios aspectos gratificantes en la labor de voluntariado que realizo. El primero y creo que más importante es que al ayudar a los niños en las tareas de «deberes escolares», los niños avanzan en los estudios, lo que les permite estar más integrados en la escuela y aumentar su autoestima.

En segundo lugar, me resulta gratificante poder colaborar en un aula de 14 niños en los momentos en los que hay alguna situación delicada y el educador de Balia requiere de un tiempo específico para tratar con un niño en concreto. En ese momento yo puedo atender los requerimientos del resto sin que se vea mermada su atención.

En tercer lugar, las excursiones al campo o los campamentos de verano 24×7 son momentos muy intensos con experiencias potentes en los que creo, espero y deseo yo haya podido ser un referente para ellos. Lo menos gratificante es cuando tengo noticias de que algún niño o niña no avanza adecuadamente en el curso académico o de que su situación familiar no ha mejorado.