Llega el verano y, con él, cambia nuestro comportamiento, variamos la dieta, realizamos más actividades al aire libre y, también, tenemos más momentos de ocio. ¿Por qué no aprovechar para sentarnos en una terracita al sol y disfrutar de la compañía de los amigos, de las vistas del lugar donde nos encontramos o, simplemente, dejarnos llevar por ese momento? ¿Qué hay de malo en ello? Obviamente no hay nada malo en descansar y disfrutar, eso sí, sin olvidarnos de que en verano somos más vulnerables a algunas situaciones/patologías. En este artículo ofrecemos algunas recomendaciones para «sobrevivir» en esta estación.

TEXTO: EVA ARRANZ HOLGUÍN. MÉDICO DEL TRABAJO DE FUNDACIÓN MAPFRE

Cuando pensamos en el verano, nos vienen a la cabeza la diversión, el descanso y la desconexión. Es el momento del año en el que la mayoría de nosotros disfruta de sus vacaciones. Pero, estemos donde estemos, en la playa, en la montaña, visitando pueblos, descubriendo ciudades nuevas o aventurándonos en lugares exóticos, no debemos olvidar que el ambiente que nos rodea, sus condiciones y sus otros habitantes interactúan con nosotros al igual que nosotros con ellos. Cada época del año se puede asociar a distintas patologías y a distintos riesgos, y el verano no es una excepción.

Patologías veraniegas

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el sol, fuente de vitaminas y de energía, puede ser también el causante de que suframos quemaduras en la piel, calambres, debilidad y deshidratación, y, por supuesto, el temido golpe de calor… ¿Cómo evitarlo? La primera recomendación es mantenerse bien hidratado, bebiendo agua y abundantes líquidos, evitando bebidas azucaradas, con cafeína o alcohólicas. También es importante comer frutas y verduras frescas, dejando las comidas calientes y copiosas para otro momento del año. Además, en verano es aconsejable evitar las actividades que requieran un esfuerzo físico en las horas centales del día y pasear por la sombra, refrescarse y ducharse las veces que sean necesarias, usar ropa ligera y de colores claros, y utilizar siempre cremas protectoras solares, resistentes al agua y adecuadas para nuestro tipo de piel. Hay que protegerse la cabeza con gorro/as y use gafas de sol con filtros homologados.

Ya hemos dejado claro que en verano hay que protegerse del sol, pero no solo: en esta época son habituales las infecciones intestinales que provocan vómitos, diarreas y dolores abdominales. Para evitar que una infección nos arruine las vacaciones, la medida más obvia, pero que siempre se nos olvida, es lavarnos bien las manos antes de comer y después de ir al baño. Otra precaución que nos mantendrá a salvo de males intestinales es evitar el consumo de productos elaborados con huevo, sobre todo si no los hemos manipulado nosotros y desconocemos su procedencia y estado de conservación. Hay que lavar bien frutas y verduras y conservar los alimentos cocinados y no cocinados en la nevera. Si esto no es posible, para evitar tenerlos a temperatura ambiente, hay que consumirlos en el menor tiempo posible.

Y para aquellos que viajan fuera de nuestras fronteras, una buena recomendación para evitar infecciones intestinales es beber solo agua embotellada y evitar la comida de puestos ambulantes. ¡Ojo con los hielos de los refrescos y los combinados!

El calor también puede provocarnos infecciones en la piel, localizadas fundamentalmente en los pliegues, sobre todo en las zonas interdigitales de los pies. Para prevenir, siempre hay que evitar caminar descalzo en gimnasios, piscinas y playas —sea verano o invierno—, hay que secarse bien entre los dedos, uno por uno, usar calzado transpirable y de materiales naturales, y, si es posible, calcetines de algodón.

Otro problema habitual son las infecciones de oídos. Conocidas como «otitis del nadador», no suelen ser graves, pero sí molestas, pues se produce un dolor en el oído que aumenta al mover la oreja o al masticar. Además, se pierde audición y, a veces, pueden producir una secreción amarillenta. Para evitar que el agua se quede en nuestro oído, es importante inclinar la cabeza después del baño hacia un lado moviéndola suavemente para que salga el agua y secar el oído.

También los ojos son más susceptibles en verano a sufrir infecciones. La conjuntivitis, generada por la irritación del cloro, por la sal (del mar o del sudor) o por la luz solar, se caracteriza por el enrojecimiento de los ojos, picor y, a veces, dolor y lagrimeo. Los más propensos suelen ser los usuarios de lentillas. Lo mejor para evitar una infección de ojos es no abrirlos bajo el agua, usar gafas de bucear, aclararse tras el baño y mantener una buena higiene de ojos.

Picaduras y mordeduras

Cuando comienza el buen tiempo, también llegan las plagas típicas de esta época. Los insectos, como las moscas, los mosquitos, las hormigas, las cucarachas o las avispas, son compañeros casi inseparables de nuestros veraneos. En algunos casos son simplemente molestos, sin embargo, en otros casos, sí hay que vigilar las picaduras.

Cada época del año se puede asociar a distintas patologías y a distintos riesgos, y el verano no es una excepción

Las picaduras pueden evitarse con el uso de repelentes y mosquiteras, y, también, cubriendo las zonas expuestas de la piel. Pero eso no siempre nos libra de sufrir picaduras, que normalmente nos provocan picor o dolor. Si nos pican moscas, mosquitos, tábanos, avispas o abejas, lo primero que hay que hacer es limpiar y desinfectar con agua y jabón. Después aplicar frio local, no directamente sobre la piel, y utilizar alguna solución de amoníaco o aloe vera para calmar el picor. Si hay dolor se puede tomar algún analgésico. En el caso de la picadura de abeja o avispa, además de estas medidas hay que extraer el aguijón.

En el caso de que lo que nos pique sea una araña, puede ser reconocible porque su picadura presenta dos puntos de inoculación, para limpiar y desinfectar lo mejor es limpiar la herida con agua y jabón y se puede aplicar frío local con una compresa fría o hielo (no directamente sobre piel) durante unos minutos

Y si a lo que nos enfrentamos es a una picadura de garrapata, hay que extremar las precauciones ya que se adhieren a la piel y al cuero cabelludo, y pueden transmitir enfermedades. Al extraer la garrapata hay que vigilar que no se quedan en la piel sus pinzas bucales y desinfectar la zona con agua, jabón y antiséptico y es conveniente consultar con el médico.

En el agua, nos enfrentamos a otro tipo de fauna. Dependiendo de dónde nos encontremos, podemos toparnos con peces o erizos de mar que, de manera fortuita, nos hagan una herida por espinas, pero lo más habitual en nuestras playas es que el mayor peligro al que nos enfrentemos sean las medusas. El contacto de la piel con una medusa nos provoca inmediatamente un dolor y picor intenso. En este caso, hay que lavar la zona afectada con agua de mar o suero fisiológico, nunca con agua dulce. En caso de que haya filamentos adheridos a nuestra piel, hay que retirarlos con pinzas, no frotar nunca; y después, aplicar frío local y en caso de dolor tomar algún analgésico.

Los más aventureros pueden encontrarse con animales exóticos, escorpiones, alacranes y las temidas serpientes. Ante una mordedura de serpiente hay que mantener la calma, tranquilizar a la persona y mantenerla lo más quieta posible para que disminuya la velocidad de circulación sanguínea y con ello se retenga la propagación del veneno. Es importante en este caso derivar al paciente a un centro médico ya que todavía requerirá de cuidados, aunque se encuentre asintomático. Es importante saber que nunca hay que aplicar hielo, que no hay que realizar incisiones y, sobre todo, no hay que succionar el veneno.

Hay que recordar siempre acudir de manera urgente a un centro de atención médica si somos alérgicos a la picadura de un animal, si la erupción o lesión es extensa o se inflama de manera importante la zona de la picadura, si el dolor es muy intenso, si tenemos dificultad para respirar, opresión en el pecho o en la garganta, hinchazón de labios lengua o rostro, o si se presentan mareos, desmayo, náuseas o vómitos o pulso acelerado.

Y si se viaja fuera de nuestras fronteras, hay que consultar, con al menos un mes de antelación, al servicio médico por si fuese necesaria la vacunación o algún tipo de medicación preventiva en el destino elegido.

«Sobrevivir» a todos estos riesgos es fácil si se toman las medidas adecuadas. Ser precavido y prevenir hará que tu verano sea tan maravilloso como lo has soñado.